Historia Anglicana 6: Fuego y cenizas: María Tudor y el martirio como mito fundador

El acelerado proceso de reforma eduardiano sufrió un colapso traumático en julio de 1553 tras la repentina muerte de Eduardo VI. La subida al trono de su hermana mayor, María I Tudor —hija de Catalina de Aragón y firme católica—, supuso el restablecimiento inmediato del catolicismo y la reconciliación oficial de la Iglesia de Inglaterra con la Sede de Roma bajo el legado papal del cardenal Reginald Pole.

María contrajo matrimonio en 1554 con el príncipe Felipe de España (futuro Felipe II), alianza que despertó recelos políticos en la sociedad inglesa. Respaldada por el Parlamento, la reina derogó en bloque la legislación religiosa de Enrique VIII y Eduardo VI, reinstaurando las antiguas leyes eclesiásticas contra la herejía.

Durante los cinco años que duró el régimen mariano, aproximadamente 300 protestantes fueron ejecutados en la hoguera tras rehusar retractarse de sus convicciones teológicas. Entre los ejecutados figuraban destacadas personalidades de la reforma, como los obispos Hugh Latimer y Nicholas Ridley, abrasados públicamente en Oxford en 1555.

El acontecimiento simbólico más impactante fue el juicio y martirio del propio arzobispo Thomas Cranmer en marzo de 1556. Sometido a presiones psicológicas en prisión, Cranmer firmó hasta seis retractaciones renaciendo su lealtad al Papa. Sin embargo, en la ceremonia pública de su condena final en Oxford, el arzobispo revocó sus renuncias y, al ser conducido a la pira, colocó primero en el fuego la mano derecha con la que había firmado los documentos, pereciendo como un mártir confesional.

Lejos de erradicar la disidencia, las ejecuciones marianas fortalecieron el movimiento reformado y le otorgaron una narrativa heroica. La posterior publicación de la obra de John Foxe, popularmente conocida como El Libro de los Mártires (1563), inmortalizó estas historias en el imaginario popular, forjando una identidad nacional británica asociada indisolublemente al anti-papismo y al rechazo de las potencias católicas continentales.